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jueves, 10 de febrero de 2011

Madrid me mata, Gallardón me irrita.


Aunque muchos jóvenes no se lo crean, el boom inmobiliario, también llamado ladrillo, no es cosa de hace tres o cuatro años. Como ejemplo, os diré que en 1986, un vecino del madrileño barrio de Hortaleza me vendía su piso por 1.600.000 pesetas. Seis años más tarde, dio la casualidad de que, al buscar piso donde empezar a vivir en pareja, fuimos a ver el mismo piso por el que nos pedían la respetable cantidad de 15.000.000 millones de pesetas. En poco más de un lustro el precio del mismo piso se había multiplicado por 10.

Cuento esto, que parece una historia de abuelo porretas, porque aunque le solemos echar la culpa de casi todo al capitalismo salvaje ahora llamado liberalismo o fascioliberalismo, en este caso, el de la contaminación, tiene más del 70% de las papeletas de las culpas (si es que éstas se pudieran parcelar).

No conozco Barcelona tan profundamente como para saber si su mal es el mismo que el de Madrid. Pero aquí, en la capital del reino, la especulación del ladrillo le hizo mucho mal a esta ciudad que cada día se convierte más en un campo de exterminio tipo Auschwitz. Lo que debiera ser normal en el diseño de una ciudad o un nuevo barrio es el proyecto de infraestructuras y servicios, zonas verdes, viales y por último las casas. Pero aquí no, aquí se proyectan casas, miles y miles de viviendas sin infraestructuras, sin servicios, lo de las zonas verdes es un sueño, con enormes viales que puedan acoger los atascos como quién acoge un mal menor.

Durante los años ochenta del pasado siglo, crecieron alrededor de Madrid cientos de miles de viviendas en pueblos aledaños llamados ciudades dormitorios. Ciudades cuyos habitantes deben coger el coche para ir al trabajo que se encuentra a una distancia de entre 15 y 30 kilómetros. La opción de transporte público significa invertir entre una y dos horas de ida y otras tantas de vuelta. Y todos sabemos lo que eso significa en el escaso tiempo libre en una gran ciudad.

Por si esto fuera poco, los sucesivos gobiernos de los trincosos, se dedicaron a fomentar el transporte privado, primero porque para ello había que realizar grandes obras (M-40, M45, M50, R-2, R-3, R-4 y R-5 y las pirámides de la M-30) y ya sabemos el porqué de las obras públicas, las adjudicaciones y los amigos. Y ya de paso si aumentaban las ventas de coches, mejor que mejor.

Por último, los ciudadanos contribuímos a incrementar el problema de la polución. En los últimos años, los todoterrenos han sido adquiridos como si los regalaran. Y los vehículos a gasoil, han aumentado sus ventas también como consecuencia de un precio del carburante, antes bastante más barato que la gasolina y ahora casi al mismo precio.

El aire en Madrid, como ya han comentado estos días atrás Escolar, Rosa María Artal y el holandés errante, Spanjaard, es veneno puro. Y el alcalde-faraón de Madrid, un prevaricador en su tercera acepción de la DRAE. Porque decir que el aire de Madrid es limpio, es propio de un chalado o de un mentiroso (o ambos) o todavía peor si lo ha dicho para engañar a sus ciudadanos. Lo de la insufrible consorte es de pensión completa en Yeserías. Llevarse los medidores a lugares más propicios, no sólo es de tramposos sino de personas de una especial ralea hijos de Belcebú.

Por su parte el Ministerio de Medio Ambiente y su titular la ex alcaldesa anaranjoazulada de Córdoba, debería empezar a sancionar a estas ciudades que, no sólo sobrepasan con creces los niveles contaminantes estipulados por la OMS, sino que sobrepasan la LEGISLACION vigente de la UE. Y quién infringe la ley, debe ser sancionado hasta que rectifique.

Las soluciones pasan por la educación y vía toque de cartera. El impuesto de vehículos debería ser mayor para los vehículos de más cilindrada y también mayor para los que más contaminan. Se deberían imponer peajes para el acceso con vehículo privado a las ciudades y dedicar su recaudación a construir carriles bici anchos y separados de las carreteras y a la compra de bicicletas públicas para préstamo (el bicing de Barcelona). Se deberían doblar los autobuses urbanos e interurbanos, diseñando líneas directas para aquellos municipios que puedan llenar autobuses y eliminando recorridos "semiturísticos" en líneas que unen barrios periféricos con el centro de la capital. Líneas de autobuses que acercaran los barrios sin metro a la línea más cercana, también ayudaría. Se debería obligar a las empresas con más de 40 trabajadores a poner autobús de empresa desde el centro hasta la propia empresa. Se debería prohibir el cambio de ubicación de una empresa a lugares distantes de su ubicación actual y si fuere totalmente necesario obligarla a poner transporte desde la ubicación antigua a la nueva. Prohibir el acceso de matrículas pares en días determinados, también ayudaría aunque sería más fácil saltarse la norma a los que tienen más poder adquisitivo.

Cualquier cosa, mejor que quedarse impávido diciendo estupideces para escurrir el bulto, ¿verdad, Gallardín, Gallardón, fachín faraón?

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En la imagen una estación medidora de polución en un lugar apartado y sin coches de Barajas. Lejos del Aeropuero, no muy lejos de la M-11 pero tres metros por debajo de ella. En una calle apartada y sin tráfico.

Mapa de situación.








Antes no estaba ahí

martes, 25 de enero de 2011

Un veneno ilegal que no se persigue.






La Unión Europea sólo permite 40 microgramos por metro cubico de Dióxido de Nitrógeno (NO2). El promedio registrado por las estaciones que miden la calidad del aire de Madrid alcanzó durante el 2010 un promedio de 55 microgramos por metro cúbico, cifra como se ve que supera con creces los límites legales. Si nos vamos a lo que se dice desde la Organización Mundial de la Salud, que esta concentración de partículas por metro cuadrado no supere los 20 microgramos, pues a partir de esa cantidad empieza a tener consecuencias nocivas en la salud de las personas, entonces el riesgo para los que vivimos en la Capital es evidente. Esto supone que las autoridades de Madrid nos están envenenando.

Artículo 45 de la Constitución Española de 1978.
1. Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo.
2. Los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.

3. Para quienes violen lo dispuesto en el apartado anterior, en los términos que la Ley fije se establecerán sanciones penales o, en su caso, administrativas, así como la obligación de reparar el daño causado.
Cuando los países impusieron impuestos al capital, muchos de los que tenían dinero refugiaron sus capitales en paraísos fiscales. Para evitarlo, los países penaron esta evasión monetaria con un delito llamado evasión de capitales.

En Madrid, la señora del insufrible del clembuterol y gastador de ella misma, aún más insufrible que su propio esposo, aún más casposa que él, decidió (supongo que con el consentimiento del faraón megalómano) que para evitar los controles de contaminantes (que no la contaminación) no había mejor solución que llevarse las estaciones de medición lejos del tráfico rodado y a ser posible en pleno parque y rodeados de árboles.

El mayor agente contaminante es el tráfico rodado. Este que TODOS los gobiernos del Partido Patrincar han estado “mimando” a base de soterramientos, circunvalaciones y autopistas “R” de peaje. El tráfico rodado produce “pingües” beneficios. Desde las grandes constructoras encargadas de realizar las obras de las Radiales y circunvalaciones, hasta los ingresos en Zona Azul a los que el Faraón megalómano no está dispuesto a renunciar. Y ahora, están dispuestos a pedir una moratoria a Bruselas para que no les castiguen. ¿Y nuestro castigo? No es ya sólo tener que aguantar a éstos perroflautas que nos están cosiendo a impuestos para pagar sus obras de grandeza y el trabajo de los amigos. No es ya sólo que el ayuntamiento de Madrid sea el más endeudado del esta nación y que él solo deba el 30% de toda la deuda periférica de la nación. Es que nos están envenenando día a día con su permisibilidad. Porque no sólo son culpables del envenenamiento los millones de coches que día a día entran en nuestra ciudad desde la periferia residencial. Quién permite que esto suceda saltándose la ley, es más culpable que los mismos automovilistas.

Gallardón presume de carriles bici. Carriles bici de menos de un metro de anchura, en mitad de aceras estrechas y que son interrumpidos por marquesinas de autobús, quioscos o farolas.
Lo único que ha hecho es gastarse el dinero que no tenía en unos carriles bicis intransitables. ¿Porqué en Madrid no hay bicicletas de alquiler que se puedan dejar en otra parte de la ciudad, como ocurre en otras grandes ciudades? Si hasta en el parque más grande de Madrid (después de la casa de Campo), el Juan Carlos I, hay tres estaciones de alquiler de bicis y tienes que dejarla en el que la alquilaste. Todo es humo, ponzoña debajo de la alfombra y medidas para hacer ver que hacen sin hacer nada.

Gallardón y la insufrible de las peras y las manzanas nos están envenenando sin que el Ministerio de Sanidad y el de Medio Ambiente hayan tomado cartas en el asunto.

Pregunta-reflexión:

¿Qué hacía el Ministro de Industria en la inauguración del primer Banco Mundial, un banco Chino, en Madrid? ¿La banca es una industria? ¿Ese banco va a crear empleos en España para ciudadanos españoles?

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