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miércoles, 14 de julio de 2010

Jugo sucio, trampas y batallas perdidas

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“Mal de muchos ….” Es la última soflama de la Rancia contra los trabajadores del Metro. Dándole la vuelta a lo que se le acusa a ella (gastarse más de tres millones por cada DIA de huelga, mientras que el respeto del convenio colectivo, suponen 100 millones en total), dice por boca de su Consejero de Transportes, que no entiende como los trabajadores pueden soportar un descuento de cien euros DIARIOS cuando el coste económico de la rebaja es de 20 euros mes. Además acusa a éstos de insolidarios con el resto de los trabajadores públicos.
Que alguien que se dedica a despilfarrar el dinero público hable de solidaridad es como cuando Rouco habla de castidad o como cuando una ninfómana habla de mantener la virginidad. La Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, desgobernados por el partido trincofascista se dedican constantemente a financiar sus soflamas de eterna campaña electoral con el dinero público. Que el departamento que debería barrer Madrid se llame “Madrid Limpio” es, además de grosero, un insulto para todos los madrileños. Que el slogan de la Comunidad sea “Madrid la suma de todos” cuando no sólo no se cuenta con nadie sino que además sólo pagan los de siempre, es obsceno y tendencioso. Que se les quite la ruta escolar a cientos de niños de barrios olvidados por el Ayuntamiento y la Comunidad para ahorrarse 1.500.000,00 € mientras se gastan 2.000.000,00 en publicidad sin sentido sobre los colegios bilingües, es asqueroso, obsceno y propio de alguien de la calaña de La Rancia. Hablar de solidaridad presupuestaria cuando se han gastado dos millones de euros en actos (s)untuosos de una primera piedra de una ciudad de la justicia imposible, es para alquilarles una celda en Yeserías y tirar la llave a uno de sus estercoleros. Publicitar el único agua que hay en Madrid para invertir sus ganancias en Triples Aes, Meroaguas y otras zarandajas de opacas compañías dispuestas a todo con tal de llenar el bolsillo de los amigos, es vomitivo, mafioso y falto de todo escrúpulo.
Los trabajadores del Metro lo tienen todo en su contra para ganar esta batalla. Los gacetilleros periodísticos (radio, TV y prensa escrita) que defienden las voces de sus amos económicos han estado en su contra desde el primer momento. Los insolidarios trabajadores a quienes no les importa dormir dos o tres horas menos tocando vuvucelas y pasándose en la bebida para celebrar la victoria del júrgol, pero si tener que madrugar una hora más para llegar al trabajo a tiempo para ser solidarios con quién está luchando por unos derechos que ya hemos perdido. Y, sobre todo, un empresario “La Rancia” a quién sólo le importa someter a estos díscolos trabajadores, porque ella es la que manda y hay que dejarlo claro a cualquier precio.
No se puede ganar un partido si el público y el árbitro están en tu contra y además el contrario hace trampas. Y de trampas La Rancia es doctora triple master.
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martes, 29 de junio de 2010

Huelga a los servicios mínimos

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Madrid se ha convertido en un embudo del que todo trabajador quería salir para llegar al currelo. Al contrario que las manipulaciones informativas del día que han intentado inculcar culpabilidad y cabreo general, creo que los trabajadores de Metro Madrid se merecen un 10 por esta su huelga. Primero porque han sido la goma que apretaba la bragas de una Rancia a la que se la veía hoy contristada, con la vena hinchada y con su mala hostia habitual recomiendo sus entrañas. Segundo porque ante la ilegalidad y la prevaricación, su deber es contestar desobedeciendo las normas impuestas. Y tercero porque el derecho a la huelga es un derecho constitucional que con demasiada habitualidad la administración conculca imponiendo servicios mínimos abusivos que dos años después, cuando ya a nadie le importa, un juez acaba dictaminando como ilegales pero que tampoco acarrea la suspensión de quién ha dictado esos servicios a sabiendas de que eran abusivos.

Un servidor es una persona poco viajada que apenas conoce la actualidad de otros países salvo a través de libros y reportajes. Y no sé qué pasa en el resto de Europa. Pero me entristece que después de 33 años de este estado pseudo-democrático, los gobiernos de turno se pasen la ley y los derechos de los trabajadores por el escroto. Es inmoral e ilegal poner servicios mínimos abusivos con el fin de aplacar el seguimiento de la huelga. Es inmoral e ilegal que se impongan servicios mínimos obligatorios sólo a los trabajadores propensos a la huelga. La huelga es un derecho que los trabajadores tienen como medio de presión para conseguir lo que creen justo y que la empresa se niega siquiera a negociar. Cuando se imponen servicios mínimos a los funcionarios o trabajadores públicos alegando que el resto de los trabajadores tienen derecho a utilizar esos servicios es como si se los pusieran a los trabajadores de Fontaneda porque el resto de los mortales tenemos derecho a desayunar Marías todos los días. Evidentemente la huelga perjudica siempre a alguien y si no fuera así no sería una huelga. El fracaso de las convocatorias consiste precisamente en eso, en poner servicios mínimos y cuanto más mejor. Así el trabajador acaba viendo que su presión no sirve para nada porque no existe, y ve que la única presión se traslada a su nómina. Los gobiernos minan la actitud del trabajador ante la huelga y recupera parte del dinero que luego negociará.

En el caso de metro-Madrid, encima deben soportar las mentiras y las deslealtades de la Rancia que, en su afán de recuperar dinero público, impone una medida explicando a los TDLC de siempre que viene dada por el Gobierno-Central. La Rancia repite y repite que todos debemos apretarnos el cinturón. Pero no hay hebilla para el cinturón que debería impedir gastarse dos millones de euros en publicidad mientras se les quita las rutas escolares a los niños de los barrios obreros. Ni tampoco la hay para el que debería impedir que, con el dinero de los impuestos (es decir de todos,) se les pague la manutención y el alojamiento a los cabezas huecas que vendrá a ver al Santo-Nazi el año que viene.

Hoy he sufrido para llegar al trabajo. Pero ha merecido la pena sólo por ver la cara de la hijadeputa, por ver como su propia bilis le amargaba el sabor y por la hostia que los trabajadores de Metro-Madrid le han dado en toda la jeta.

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