lunes, 24 de mayo de 2010

Los Chamanes FMI

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Teton era un pequeño poblado Sioux. Como todo pueblo Sioux, en él habitaba un viejo y desdentado Chamán llamado Witko que intentaba curar a los enfermos y pronosticar epidemias, hambrunas y maleficios en general. El chamán de Teton, pertenecía a una especie de gremio de Chamanes que se reunían cuando la situación era extremadamente tensa y necesitaban de la fuerza de todos y cada uno de chamanes de los veintiún poblados que componían esa región amerindia.
En cierta ocasión, los hombres de Teton empezaron a preocuparse porque la caza había desparecido. No había búfalos. Los pastos se habían ido volviendo amarillos a lo largo del año como consecuencia de la escasa lluvia que había caído a lo largo de todo ese tiempo. El Jefe Sioux Tashunke, había reunido a la mayor parte de los hombres en edad de cazar y al Chamán Witko. El Chamán Witko, predijo que, si le daban como esposas dos jóvenes mujeres, el haría volver la caza en el plazo de una luna.

Hunkpapa era un joven Sioux que, por propia experiencia, no creía en la magia del gran Chamán. Cuando se produjo la desaparición espontánea de los Búfalos intentó buscar una explicación lógica. Se recorrió a caballo gran parte de la pradera y observó que la hierba era muy rala y amarilla. Insuficiente para alimentar a tanto rumiante.

El Chamán Witko, se reunió con los veintiún chamanes del oráculo. Se juntaron en Tetón durante cinco días. Bailaron, fumaron y se divirtieron con las mejores hembras jóvenes del poblado. Al caer la noche bailaban la danza de la fertilidad del bisonte.

Hunkpapa, hizo un petate con víveres y se dispuso a rastrear las pisadas de los Búbalos. Pronto descubrió un sendero ancho de huellas que conducía hacia una pequeña cordillera situada a no más de cinco lunas. Siguió el rastro y al coronar una pequeña loma que había al final de un valle entre dos de las montañas de la cordillera, descubrió, primero que la hierba allí era verde y abundante y un poco más tarde, miles de búfalos que pastaban mansamente. Hunkpapa, inició el camino de regreso. En la segunda luna comenzó a llover copiosamente y así estuvo durante las cuatro lunas restantes de vuelta. Cuando llegó al poblado estaba muy enfermo. Tenía fiebre y casi no se tenía en pie. Intentaba comunicarle al Jefe Tashunke lo que había visto. Pero no pudo. Estuvo con fiebre alta casi diez lunas. Cuando despertó, El Chamán estaba en su tipi. La madre de Hunkpapa le dijo que el chamán había cantado por él la danza de la curación y que él se había curado y además hacía dos lunas que los búfalos habían vuelto a las praderas de siempre.

Durante algunos años, la vida en Tetón pasó sin grandes desventuras. La caza disminuía pero los cazadores no le daban importancia. Pero, llegó un momento en que no había caza para todos los cazadores. De nuevo se reunieron durante cinco días el oráculo chamán, bebiendo, fumando y pasando las noches saltando alrededor del fuego y gozando con las bellas señoritas Sioux. Hunkpapa y algunos amigos a los que había contado lo que vio años atrás, sabían dónde estaban los búfalos, aunque ahora el problema no era la hierba sino la sobreexplotación de los recursos. Los viejos chamanes llegaron a una conclusión que contaron al jefe Tashunke: había que expulsar de la tribu a los ancianos que no podían cazar pero que comían y poner pruebas que los jóvenes debían superar cumplidos los 13 años. Si no superaban la prueba, serían expulsados del poblado. Hunkpapa y sus amigos fueron castigados con la sanción de diez lunas sin poder cazar, al oponerse a las medidas de los chamanes.

Hunkpapa, sus amigos, los ancianos, algunas mujeres mayores y muchas de las vírgenes que no querían caer en las sucias manos de los viejos chamanes, así como gran cantidad de niños, marcharon fuera del poblado en busca del valle que había divisado años atrás. Cuando llegaron, se instalaron y llegaron a la conclusión de que sólo cazarían para poder comer y cubrir sus necesidades de vestido.

Unos treinta años después, el poblado de Teton había desaparecido, mientras que el nuevo poblado Horn, perduró hasta la llegada del hombre blanco.

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Imagen: Manuel Victorio Benítez

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