miércoles, 21 de julio de 2010

Otra guerra mediática perdida

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Decía ayer José Blanco que él no es como el patriota de hojalata que hace política populista y chabacana. Tal vez, seguir a pies juntillas lo que un mal actor y peor político llamado Ronald Reagan, hizo en los Astados Unidos (Malatesta dixit) , no sea populista sino el despendole total y el consiguiente abrazo del liberalismo más rancio y cicatero. Lo de los controladores, al igual que sucedió con los trabajadores de metro, es una guerra mediática perdida de antemano.

Está de moda, en lugar de meterse con los de guante blanco, con los que defraudan a hacienda o con los que no pagan IVA, meterse con los trabajadores con la excusa de que ganan mucho por su trabajo. A mi me parece que un sueldo de 300.000,00 € anuales es indecente e inmoral. Pero también creo que no es culpable quien lo gana sino quién lo paga. AENA estuvo muchos años incumpliendo la normativa. Pagaba horas extras a los controladores en las horas que estos debían de estar descansando. Pepiño, cambió la normativa para que en lugar de horas extras fueran horas de cómputo normal con el único fin de bajarles los salarios y que no le costara más dinero la contratación de nuevo personal. Ahora, los controladores no tienen vida propia. Se les llama urgentemente para que hagan sustituciones en sus días de libranza. Se les cambian los turnos arbitrariamente para que a la empresa no le cueste dinero las vacaciones o bajas laborales. Hasta se ha dado el caso de autorizar a una controladora a llevar a sus hijos al curre por no poder prever contratar canguros. Hay controladoras a las que se les llama a sustituir a compañeros estando de baja por maternidad o con permiso de lactancia.Pero peor que todo eso es el concepto de derecho que se está empezando a inculcar al pueblo televisivo. Más de las tres cuartas partes de los españoles no ha viajado nunca o casi nunca en avión. Sin embargo, se está inculcando que eso es un derecho (como se inculcó que también lo era acudir al trabajo en Metro). Y mientras derechos como el de asociación, sindicación, trabajo y libertad individual se pierden en el papel mojado de la constitución, otros se empeñan en hacer de un servicio un derecho.

A menudo, los periodistas confunden culo y témporas, derechos con actividades personales y sobre todo, tienden a magnificar y criticar todo aquello que les trunca su vida diaria. Por medio hay intereses empresariales y el cambio de una forma de vida. Nos hemos metido en una espiral en la que está mal visto todo lo que sea reivindicativo porque los medios lo tratan como privilegios. No es ningún privilegio tener trabajo, ni ganar dinero con el esfuerzo de tu currelo. Privilegio es tener un micrófono desde dónde soflamar. Privilegio es ganar dinero robando a los pobres. Privilegio es engañar a los clientes con tarifas abusivas y con facturas ininteligibles. Privilegio es tener una concesión pública de un canal televisivo. Privilegio es no haber trabajado en la puta vida y que te saquen en televisión como el modelo a ser imitado.


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